La mujer que creyó que amar era desaparecer

 


A veces  no nos damos cuenta en qué momento empezamos a dejar de ser nosotras mismas  para sostener algo que es insostenible .



Ella creyó que amar era desaparecer.


Durante mucho tiempo se convirtió en una hoja seca al viento .

Se convenció de que su valor estaba en lavar platos, preparar la comida y estar disponible cuando se necesitara .


Se resumió a servir y olvidó quien era ella.

Si algo no estaba hecho, sentía que fallaba como mujer .

Su identidad comenzó a medirse en tareas cumplidas y en silencios sostenidos .

Cuando su brillo aunque tenue intentaba asomarse , le recordaban que ya no tenía edad para ciertas cosas .

Y entonces regresaba a ese estado automático que confundió con estabilidad.



Pensó que amar era renunciar a sí misma .

Que amar era olvidar los anhelos de su corazón.

Que amar era dejar de merecer.


Creyó que su función era cumplir expectativas de otros ,no tener sueños propios.


Aprendió a sonreír sin ganas.

A callar para no incomodar.

A evitar el conflicto como quien evita el fuego.


Callar  se convirtió en supervivencia.

Servir, en identidad.

Desaparecer, en costumbre.

Hasta que una noche de esas en las que la soledad pesa más que el silencio se dio cuenta que ya no tenía más  lágrimas. 


No había dolor. 

No había miedo.

 Solo un latido acelerado que parecía empujarla  hacia algún lugar desconocido.

Sin saberlo,estaba caminando hacia ella misma.

Estaba regresando.

Estaba volviendo a mirarse y reconocerse.

Y entendió algo que lo  cambió todo:


Amar no es desaparecer

Amar no es reducirse.

Amar no es servir en silencio.


Amar empieza cuando una mujer decide no abandonarse nunca más en nombre del amor .

Y desde ese día, su viaje no se detuvo .


“Y entendí que amar nunca debe significar olvidarse de uno mismo , que la prioridad siempre debemos ser nosotras .


Greta - princesa sin tacones 





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